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¿Estamos preparados mentalmente para un segundo año de pandemia?

Un año de pandemia, sin duda, ha tenido consecuencias en la salud mental de los chilenos, por tratarse de un hecho inesperado, sorpresivo y sobre lo cual no tenemos ningún entrenamiento. Por tanto, no sabemos cómo comportarnos, muchas veces nuestro actuar tampoco funciona y eso nos puede llevar a una depresión, por el simple hecho de no saber qué hacer frente a lo que está pasando.

Así lo asegura la psicóloga Susana Ifland, directora y Past president de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica (SCPC) quien, según su experiencia clínica, afirma que nos afecta lo incierto, lo desconocido, el no saber cuándo terminará la pandemia y no tener claridad sobre cómo enfrentar el futuro, en especial aquellos que han perdido sus trabajos y quedaron sin recursos. “Esto, además, repercute en los hijos y jóvenes, donde también hay un clima de decepción por no estar yendo al colegio, a la universidad, ya que no están adquiriendo las destrezas que necesitan para vivir el futuro que se nos va a presentar y que ellos vislumbran. También los invade la sensación de ¿qué va a pasar?, lo que genera depresión y angustia. Diría que el 80% de pacientes que llega a mi consulta, presenta síntomas de algún tipo de trastorno nervioso”, advierte.

La psicóloga indica que hay un susto generalizado y que forma parte de la angustia que sentimos. “Al haber angustia, hay estrés, el cual secreta una hormona llamada cortisol, que afecta el sueño y, en ocasiones, genera dolor en el pecho, dificultad para respirar, al punto que mucha gente tiende a confundir esos síntomas con problemas cardíacos”, señala.

La especialista asegura que la capacidad que tienen las personas de enfrentar los problemas, influye en su estado de ánimo. “Hay quienes tienen la suerte de nacer con una buena herencia genética y que aprende desde niño a manejar la frustración y, por otra parte, tuvieron de chicos un apego sano con las figuras parentales. Es indispensable que los padres o responsables a cargo, entreguen a sus hijos una niñez tranquila y un ambiente seguro, ya que en el futuro les será mucho más fácil enfrentar los problemas, circunstancias inesperadas o avatares del destino como esta pandemia, por ejemplo”, aconseja.

¿Sacamos algún aprendizaje con un año de pandemia?

Con respecto a si sacamos algún aprendizaje con un año ya de pandemia, la profesional indica que, en términos generales, aprendimos a comunicarnos más, a conversar, a convivir y compartir de una manera diferente. Sin embargo, añade, es muy difícil adaptarse a una realidad cuando no se tienen los medios para enfrentarla. “La falta de recursos hace más difícil lidiar con la realidad que se está presentando. Es difícil adaptarse a no sentir pena, a vivir con susto por la inestabilidad laboral. Eso lo escucho a menudo en mi consulta, entonces muchos trabajan más allá de lo habitual, sin horarios, lo que -a su vez- también ha generado conflictos conyugales, que viene a completar el círculo”, afirma.

A juicio de la especialista, nuestra salud mental va a mejorar una vez que toda la población esté vacunada, perdamos el miedo a contagiarnos, cuando haya un respiro y la gente cuente con los recursos para comprar lo que necesita. En definitiva, cuando esté más manejada la pandemia en términos médicos y la ciudadanía sienta cierta ‘normalidad’, habrá mayor tranquilidad y bajará la angustia.

Recomendaciones para una mejor salud mental

Para mejorar nuestra salud mental en este segundo año de pandemia, la psicóloga aconseja:

– Contar con personas en quien poder confiar y si no se tiene a alguien, ir a terapia con un sicólogo. “Tener un ambiente protegido, en cuanto a no tener reprimendas por decir lo que se piensa. Es fundamental contar con otra persona para conversar y desahogar penas, rabias, problemas. Encontrarse, hablar con otro, que lo comprendan y ver que le ocurren las mismas cosas, es muy tranquilizador. Esto también apunta a los padres con respecto a lo que sienten sus hijos”, indica.
– Tener la posibilidad de instruirse o aprender algo nuevo de alguien. “Los niños y jóvenes que conversen con un profesor, con hombres y mujeres sabias, un guía espiritual, para que les enseñen cosas nuevas y distintas a las quejas, angustias, miedos e incertidumbre. Los menores necesitan contención, confianza y pensar que el futuro es vivible”, señala.
– Es indispensable que las parejas se protejan y apoyen mutuamente, que no se critiquen y sobrelleven las diferencias. Dividirse las labores y ayudarse.

Es posible superar este escenario angustiante mediante acciones simples, que ayudan a desahogarte, liberar la mente, superar la incertidumbre y el estrés.

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