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Insomnio infantil: ¿qué lo produce y cómo abordarlo?

El insomnio infantil es la dificultad para quedarse y/o mantenerse dormido en forma autónoma y que se repite en el tiempo (más de un mes). Se trata de una situación que puede tener repercusiones emocionales, comportamentales, cognitivas, físicas, familiares y en el aprendizaje del niño, junto con una importante comorbilidad médica y afectación de la calidad de vida del menor y de su familia.

En la población pediátrica, 3 de cada 10 niños entre los 6 meses a 5 años ha presentado insomnio, asegura la Dra. Perla David, neuropediatra de Clínica Dávila. En este grupo, la literatura sugiere que 84% de estos niños tiene un origen conductual, es decir, actividades diurnas que impiden una adecuada calidad de sueño, asociaciones inadecuadas para iniciar el sueño o ausencia de límites a la hora de dormir.

La especialista advierte que la falta de sueño no es un problema menor, debido a que existe evidencia de que la calidad y cantidad de sueño insuficiente tanto en niños como adolescentes se asocia con una serie de resultados o efectos en el comportamiento. “Los menores con problemas de sueño presentan mayor impulsividad, agitación, somnolencia diurna, irritabilidad, disminución de la atención, afectación cognitiva, déficit en aprendizaje y de la memoria, menor rendimiento escolar y cambios de humor”, indica.

La neuropediatra explica que el retardo de la fase del sueño en los niños posterga, a la vez, el inicio de la conciliación, que los lleva a despertarse más tarde, perdiendo así el peak del cortisol, que es el impulsor de la energía, por lo que suelen despertarse desganados e irritables. “El horario para dormir de un niño debe ser entre 20:30 a 21: horas; momento cuando se activa la hormona del crecimiento y la melatonina, que es la hormona que actúa en el ciclo natural del sueño. También en ese horario es cuando se produce el desarrollo y maduración de las células cerebrales, y la restauración física, psíquica y emocional del menor. Por tanto, si duerme en un horario inadecuado, no tendrá la misma restauración”, explica.
Causas del insomnio infantil

En cuanto a las causas del insomnio infantil, la Dra. David indica que estas son variadas y dependerán de la edad del niño. Por ejemplo -indica-, mientras más pequeños, pueden tener problemas orgánicos, como reflujo gastroesofágico; también está el factor genético, en que hay una predisposición a dormir menos. En tanto, los niños con hiperactividad, déficit atencional, trastornos del espectro autista y con epilepsia, entre otros, son especialmente sensibles a tener insomnio, porque ahí entran en juego los horarios de los medicamentos, las pantallas, videojuegos, celulares, etc. Aunque, sin duda, lo más importante y que más afecta, es el mal hábito de higiene de sueño, entre los cuales figuran:

– Hacer dormir al menor dándole de mamar.
– Acostarlos tarde, siguiendo el horario de los adultos.
– Darles alimentos ultraprocesados y muy tarde en la noche, por la pesadez del estómago.
– Sobrestimularlos (bañarlos en la noche, que vean películas, pasarles videojuegos).

La Doctora David reitera la necesidad de preparar a los niños para dormir. “Después de las 15 horas empieza a bajar la frecuencia respiratoria y cardíaca, al igual que la presión y temperatura, como manera de prepararnos para el sueño. Esto se llama regulación Dipper. Entonces, muchas veces los adultos hacen todo lo contrario con los menores: los bañan en la noche, los hacen hacer cosas, ejercicios, que vean televisión, etc, que lo único que hace es estimularlos, sin saber que el sueño es un estado de desconexión sensorial”, asegura.

Por tanto, la recomendación para una óptima higiene del sueño de los niños es:

– Que se acuesten tranquilos y temprano.
– Habitación con poca luz, con un ambiente neutro y fresco.
– Acostarse sin ningún tipo de pantalla.
– Comer temprano y liviano.
– Evitar consumo de bebidas cola, energéticas, con cafeína y estimulantes.
– No acostarlos muy abrigados. “Muchos padres sobreabrigan, por eso los pequeños se dan vueltas, transpiran, se destapan, se incomodan”, dice la doctora.
– Que durante el día hagan ejercicios y actividades.
– Levantarse temprano y no dormir siesta.
– Aplicar condicionamiento operante. “Si los niños no responden, conversar sobre los permisos y llegar a acuerdos con ellos”, sugiere.
– Tratamiento cognitivo conductual. Que los menores sepan y tomen cuenta que las acciones producen consecuencias y si andan mal, entiendan que es por sus malos hábitos a la hora de dormir.
– Cambiar los hábitos familiares en función del horario de los niños de la casa.

Ya sabes, el insomnio no solo puede minar la energía y estado de ánimo de los más pequeños, sino que también puede afectar su salud y desempeño escolar. ¡A cuidar sus sueños!

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