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¿Dieta o hábitos saludables?: Diferencias y consejos

Una dieta, por definición, es un plan de alimentación en el que está guiado lo que la persona puede o no comer. Por tanto, suelen dirigir la alimentación a una determinada manera y, también, a prohibir ciertos alimentos.

Los hábitos saludables, en tanto, apuntan a educar con respecto a la forma de alimentarse para tener una buena salud, un peso adecuado y mejorar ciertos indicadores. Por lo general, se trabajan con educación nutricional, con el objetivo de que los pacientes aprendan a comer, entiendan cuáles son los macronutrientes y a conocer los alimentos con mayores beneficios.

La Dra. Magdalena Farías, nutrióloga de Nuclinic, explica que las dietas suelen asociarse a un inicio y a un término. Entonces, es común que las personas, cuando terminan una dieta, tiendan a tener una reacción de “compensación” luego de haberse restringido de ciertos alimentos, y a desordenarse y comer más de aquello que no podían.

También ocurre que, al tener las dietas un inicio y un término, la mayoría suele ´despedirse´ del desorden antes de partir, lo que refleja un comportamiento dicotómico (todo o nada) de lo prohibido. Es decir, hay cosas que están prohibidas y antes de comenzar la dieta, quieren aprovechar de desordenarse. Lo mismo ocurre cuando se salen de la dieta; como ya se desordenaron, muchas veces terminan teniendo comportamientos de atracones o de gran descontrol, por la presión de tener que volver a un plan donde se le prohíben alimentos”, explica.

Pauta de hábitos saludables

La nutrióloga agrega que, si una persona busca una mejoría de sus indicadores de salud de manera rápida como, por ejemplo, pacientes que están preparándose para un procedimiento o cirugía digestiva, enfermedad celíaca, entre otras, puede que una dieta más estricta, como la que restringe los hidratos de carbono o el gluten, por ejemplo, le otorgue beneficios en el corto plazo. Sin embargo, advierte, si se busca una mejoría de estos indicadores o un peso saludable en el largo plazo, hay que pensar en un plan de alimentación que incorpore los pilares de la alimentación saludable, que son:

  • Priorizar alimentos con alto aporte proteico, que dan mayor saciedad.
  • Disminuir los hidratos de carbono refinados y azúcares.
  • Respetar horarios de alimentación e intentar alimentarse en sincronía con el reloj biológico. “Esto quiere decir, concentrar los carbohidratos en la primera mitad del día y no en la tarde, que es cuando uno está más sensible a la insulina. Recordemos que en la tarde, uno está menos sensible a la insulina. Esto quiere decir que la misma carga de carbohidratos en la tarde, genera un impacto mayor en el estímulo para acumular grasa o frenar la lipolisis (degradación de los lípidos o grasas)”, indica.
  • Disminuir la ingesta de alcohol y de alimentos procesados.
  • Hacer actividad física de manera regular. “La recomendación internacional habla de 150 minutos semanales de ejercicios intensos a moderados. Aunque hoy el concepto es que no sólo importa el ejercicio, sino que ser una persona físicamente activa, que se relaciona con caminar, con contar pasos, subir escaleras, usar la bicicleta como medio de transporte, entre otros”, indica.
  • Hábitos de sueño. “Es relevante que las personas, en general, tengan un sueño de buena calidad, ojalá entre 6 a 8 horas los adultos. Hay que tratar de llevar una sincronía con el reloj biológico, o sea, intentar no trabajar en la noche y ocupar ese horario para dormir y descansar”, señala.
  • Tener un buen control del estrés y tener instancias de autocuidado, de acompañamiento con la familia y de profesionales, cuando se está bajo mucho estrés.
  • Evitar la automedicación y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.
  • Si hablamos de hábitos saludables, lo aconsejable es respetar estos pilares y mantener este tipo de comportamiento la mayor parte del tiempo, y ajustado a los gustos y preferencias del paciente, de manera que sea un tipo de alimentación sostenible a largo plazo e intuitiva, porque son cosas que le gustan. Por eso es tan importante que sea planificado por un profesional. Seguir una dieta como un estilo de vida, no es algo que yo recomiende”, afirma.

    Una forma de mantener hábitos saludables y duraderos en el tiempo es ir modificando y trabajándolos de a uno. Se habla de un plazo de 21 a 30 días de realizar una misma acción, para consolidarlo como un nuevo hábito.

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